La opinión de Myriam Carromero @myrcarromero

El libro de esta autora catalana nacionalizada estadounidense es una especie de «Lo que el viento se llevó» pero ambientado en el sangriento Chicago de 1917.

Como la Mitchell, Gala ha construido unos magníficos personajes femeninos. Mujeres de carácter que no dudan en romper techos de basalto con sus impecables cabecitas.

La evolución de Ida, la protagonista, a lo largo de la novela es notable. Un personaje, atrapado en su condición mujeril, se quita poco a poco el luto y toma su destino con mano decidida mientras los hombres se van quedando detrás, sin poderla alcanzar ni forzar.

Es una evolución casi prodigiosa y algo pillina, porque la autora juega al despiste dotando a Ida de unas aliadas, Sussie y Lilly, que, si no la hacen sombra, si crean el contraste dentro de la fortaleza.

Los hombres se van a la guerra y las mujeres saben aprovechar esa situación para alcanzar cotas de autonomía nunca antes sospechadas. Autonomía, libertad e incluso trabajos y tareas masculinas forman parte del nuevo universo femenino.

Enfermeras, telefonistas bilingües, obreras en fábricas de munición, en la construcción, empleadas en todos los ámbitos civiles y militares e incluso, empresarias y dueñas de grandes emporios. La invasión de la mujer moderna.

La novela trabaja muy bien esa evolución femenina con todas las dudas internas de sus protagonistas y su tozudez por no dejarse avasallar.

Mientras la mujer lucha por esa independencia, los hombres siguen estancados en la muerte y la codicia como formas de supervivencia.

Otro aspecto que me ha enamorado de la novela es su preciosismo para introducirnos en ese elegante, pero duro paisaje del Chicago creciente donde cada calle, comercio y casona son también protagonistas de esta historia. América crece y se hace mucho más rica.

Y finalmente, la última parte es de infarto, de novela negra de manual. Me tuve que levantar mil veces hasta que decidí enfrentarme a lo inevitable: la novela se terminaba. 

Un imperdible del nuevo femenino.

#lamujermoderna

El libro de esta autora catalana nacionalizada estadounidense es una especie de «Lo que el viento se llevó» pero ambientado en el sangriento Chicago de 1917.

Como la Mitchell, Gala ha construido unos magníficos personajes femeninos. Mujeres de carácter que no dudan en romper techos de basalto con sus impecables cabecitas.

La evolución de Ida, la protagonista, a lo largo de la novela es notable. Un personaje, atrapado en su condición mujeril, se quita poco a poco el luto y toma su destino con mano decidida mientras los hombres se van quedando detrás, sin poderla alcanzar ni forzar.

Es una evolución casi prodigiosa y algo pillina, porque la autora juega al despiste dotando a Ida de unas aliadas, Sussie y Lilly, que, si no la hacen sombra, si crean el contraste dentro de la fortaleza.

Los hombres se van a la guerra y las mujeres saben aprovechar esa situación para alcanzar cotas de autonomía nunca antes sospechadas. Autonomía, libertad e incluso trabajos y tareas masculinas forman parte del nuevo universo femenino.

Enfermeras, telefonistas bilingües, obreras en fábricas de munición, en la construcción, empleadas en todos los ámbitos civiles y militares e incluso, empresarias y dueñas de grandes emporios. La invasión de la mujer moderna.

La novela trabaja muy bien esa evolución femenina con todas las dudas internas de sus protagonistas y su tozudez por no dejarse avasallar.

Mientras la mujer lucha por esa independencia, los hombres siguen estancados en la muerte y la codicia como formas de supervivencia.

Otro aspecto que me ha enamorado de la novela es su preciosismo para introducirnos en ese elegante, pero duro paisaje del Chicago creciente donde cada calle, comercio y casona son también protagonistas de esta historia. América crece y se hace mucho más rica.

Y finalmente, la última parte es de infarto, de novela negra de manual. Me tuve que levantar mil veces hasta que decidí enfrentarme a lo inevitable: la novela se terminaba. 

Un imperdible del nuevo femenino.

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El libro de esta autora catalana nacionalizada estadounidense es una especie de «Lo que el viento se llevó» pero ambientado en el sangriento Chicago de 1917.

Como la Mitchell, Gala ha construido unos magníficos personajes femeninos. Mujeres de carácter que no dudan en romper techos de basalto con sus impecables cabecitas.

La evolución de Ida, la protagonista, a lo largo de la novela es notable. Un personaje, atrapado en su condición mujeril, se quita poco a poco el luto y toma su destino con mano decidida mientras los hombres se van quedando detrás, sin poderla alcanzar ni forzar.

Es una evolución casi prodigiosa y algo pillina, porque la autora juega al despiste dotando a Ida de unas aliadas, Sussie y Lilly, que, si no la hacen sombra, si crean el contraste dentro de la fortaleza.

Los hombres se van a la guerra y las mujeres saben aprovechar esa situación para alcanzar cotas de autonomía nunca antes sospechadas. Autonomía, libertad e incluso trabajos y tareas masculinas forman parte del nuevo universo femenino.

Enfermeras, telefonistas bilingües, obreras en fábricas de munición, en la construcción, empleadas en todos los ámbitos civiles y militares e incluso, empresarias y dueñas de grandes emporios. La invasión de la mujer moderna.

La novela trabaja muy bien esa evolución femenina con todas las dudas internas de sus protagonistas y su tozudez por no dejarse avasallar.

Mientras la mujer lucha por esa independencia, los hombres siguen estancados en la muerte y la codicia como formas de supervivencia.

Otro aspecto que me ha enamorado de la novela es su preciosismo para introducirnos en ese elegante, pero duro paisaje del Chicago creciente donde cada calle, comercio y casona son también protagonistas de esta historia. América crece y se hace mucho más rica.

Y finalmente, la última parte es de infarto, de novela negra de manual. Me tuve que levantar mil veces hasta que decidí enfrentarme a lo inevitable: la novela se terminaba. 

Un imperdible del nuevo femenino.

#lamujermoderna

El libro de esta autora catalana nacionalizada estadounidense es una especie de «Lo que el viento se llevó» pero ambientado en el sangriento Chicago de 1917.

Como la Mitchell, Gala ha construido unos magníficos personajes femeninos. Mujeres de carácter que no dudan en romper techos de basalto con sus impecables cabecitas.

La evolución de Ida, la protagonista, a lo largo de la novela es notable. Un personaje, atrapado en su condición mujeril, se quita poco a poco el luto y toma su destino con mano decidida mientras los hombres se van quedando detrás, sin poderla alcanzar ni forzar.

Es una evolución casi prodigiosa y algo pillina, porque la autora juega al despiste dotando a Ida de unas aliadas, Sussie y Lilly, que, si no la hacen sombra, si crean el contraste dentro de la fortaleza.

Los hombres se van a la guerra y las mujeres saben aprovechar esa situación para alcanzar cotas de autonomía nunca antes sospechadas. Autonomía, libertad e incluso trabajos y tareas masculinas forman parte del nuevo universo femenino.

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La novela trabaja muy bien esa evolución femenina con todas las dudas internas de sus protagonistas y su tozudez por no dejarse avasallar.

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Y finalmente, la última parte es de infarto, de novela negra de manual. Me tuve que levantar mil veces hasta que decidí enfrentarme a lo inevitable: la novela se terminaba. 

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Como la Mitchell, Gala ha construido unos magníficos personajes femeninos. Mujeres de carácter que no dudan en romper techos de basalto con sus impecables cabecitas.

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La evolución de Ida, la protagonista, a lo largo de la novela es notable. Un personaje, atrapado en su condición mujeril, se quita poco a poco el luto y toma su destino con mano decidida mientras los hombres se van quedando detrás, sin poderla alcanzar ni forzar.

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